Grupo de autoayuda para quienes padecen ciertas molestias ante
comentarios Anti-K, o incluso descubren alguna tolerancia al peronismo.

De derechos a beneficios


Columna publicada en Nueva Ciudad.


“La necesidad de cambiar esa Argentina chica, del miedo, en la que cada uno quiere aferrarse a lo que tiene.” 

Mauricio Macri, 10 de enero 2016.



Hace un poco más de 130 años, se sancionó la ley 1420 de educación laica, gratuita y obligatoria. Fue la norma básica que estructuró el sistema de educación pública nacional, soñada por el presidente Domingo F. Sarmiento, esbozada por su sucesor y ministro de Educación, Nicolás Avellaneda, y finalmente lanzada por el sucesor de ambos, Julio A. Roca y su apasionado ministro de Educación, Eduardo Wilde. La Iglesia, con razón, entendió que una de las consecuencias de la ley sería la merma de su enorme influencia en la educación y operó en contra con furia y torpeza. El conflicto con el gobierno escaló hasta la expulsión del nuncio apostólico- embajador de la Santa Sede en el país- a través de unas secas líneas del canciller Ortiz: “En vista de la actitud asumida por vuestra excelencia en sus relaciones con el Gobierno de la República, el señor presidente me ordena enviar a vuestra excelencia sus pasaportes, fijándole el término de veinticuatro horas para dejar el territorio de la Nación.” . Otros tiempos y otros conservadores…

Como señala Rosendo Fraga, el éxito de la ley fue notable: “Sabía leer y escribir menos de uno de cada cinco habitantes. Un cuarto de siglo más tarde, al conmemorarse el Centenario, ya dos de cada tres sabían leer y escribir y en los menores de diez años la escolarización llegaba al 90%”. Pero sobre todo, la norma logró aunar bajo un mismo “relato”, para retomar un término muy en boga actualmente, tanto a los nietos de patricios y pueblos originarios, como a los hijos de sastres polacos o campesinos de Calabria, esa “chusma ultramarina” que Leopoldo Lugones denunciaría algunas décadas más tarde con la misma pasión abichada con la que algunos de los descendientes de esa chusma denuncian hoy a bolivianos y paraguayos.

El éxito fue dado por la voluntad pública, sostenida durante décadas, de otorgar un derecho a todos los ciudadanos, sin distinciones de credo, origen nacional o raza, pero obviando también distinciones sociales. Ni el ministro Wilde, ni Sarmiento- nombrado por Roca para presidir el Consejo Nacional de Educación- ni sus sucesores buscaron generar “ahorro” alguno eliminando a los hijos de supuestos ricos del beneficio de la gratuidad de la escuela pública. Sabían, como saben los estados europeos que subsidian desde hace décadas no sólo a quién no puede pagarlos sino a todos, el transporte, la escuela o la universidad pero también el cine y la ópera, que la universalidad es la única forma de garantizar la eficacia de un servicio.

Hace unos días supimos, por una resolución del nuevo titular del PAMI, que el organismo dejará de cubrir los medicamentos de la misma forma que lo hacía a cierta clase de afiliados: quienes tengan una prepaga, los propietarios de más de un inmueble, de un auto de menos de 10 años de antigüedad o de una embarcación, con el argumento de que son ricos que no requieren de ese “beneficio” y que apartándolos, el PAMI genera “un ahorro”. Carlos Regazzoni, titular del organismo, explicó: "No podemos darle un beneficio social a una persona que veranea en Punta del Este”

Por supuesto, el jubilado que veranea en Punta del Este y abusa del PAMI es un personaje tan imaginario como la docente jubilada que cenaba en Puerto Madero gracias a su AFJP, pero más allá de eso y de la discusión sobre los símbolos exteriores de riqueza -un Fiat Palio del 2009, por ejemplo, elimina el "beneficio" que un Mercedes Clase S del 2006 no modifica- lo notable es esa constante del pensamiento reaccionario: la supuesta eficiencia en la gestión de los derechos ciudadanos siempre pasa por la expulsión de beneficiarios, nunca por su ampliación o por la mejora del servicio que reciben.

Es por eso que el titular del PAMI habla de "beneficios" y no de “derechos" o que nuestro presidente señala como algo insostenible que los empleados busquen mantener sus derechos mientras considera normal que los empresarios exijan ampliar sus ganancias. Ocurre que la mejor manera de eliminar un derecho es disfrazarlo de privilegio, y parafraseando la cita inicial, las posibilidades de Cambiemos parecen apuntar a una Argentina que achica y donde el crecimiento está reservado a unos pocos.

Foto: Entusiastas de Cambiemos le explican las ventajas de perder derechos y vivir sin miedo a un grupo de ciudadanos que buscan "aferrarse a lo que tienen" (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
 

La crónica de la semana (de la fe en Nisman al exceso de cargas patronales)


Columna publicada en Nueva Ciudad.

Terminamos otra semana trepidante en la que no tuvimos noticias de la lluvia de inversiones pero tampoco de la Pobreza Cero; es decir, una de cal y otra de arena. Además supimos, gracias a nuestros economistas serios, que mientras el déficit nos llevaba al abismo, la deuda con déficit nos lleva al paraíso, así que no perdemos la alegría.

Una alegría que se percibió incluso en los dichos del presidente, lanzados con fino humor desde una reposera frente al lago Nahuel Huapi: “Me siento tan comprometido que no me importa no tener vacaciones”.

Como cada vez que el gobierno tiene dificultades, se volvió a reflotar la denuncia de Nisman contra CFK, aunque esta vez con éxito: la Cámara de Casación ordenó la reapertura de la causa, apartó al juez Rafecas y, por las dudas, también a la Cámara que desestimó la denuncia. Al parecer, se apartarán a los jueces que hagan falta para llegar a la verdad que ya conocen. Según la denuncia, CFK intentó encubrir el atentado de la AMIA veinte años después de ocurrido, con la anuencia del Congreso y a través de un memorando con Irán que nunca entró en vigencia y el levantamiento de las alertas rojas de Interpol que pesaban sobre los acusados iraníes, que la Argentina nunca pidió. “Una cuestión de fe, no de pruebas”, como escribió Jorge Urien Berri en La Nación.

En todo caso, ya tienen a la culpable: sólo falta el juez idóneo.

En esta semana nos enteramos que, además del exceso de empleados, aires acondicionados e investigadores, padecemos un exceso de cargas patronales. El flamante ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, visitó al ministro de Desempleo, Jorge Triaca, para proponerle una idea novedosa: reducir dichas cargas para combatir la informalidad laboral. ”Los impuestos al trabajo son ridículos y fomentan la informalidad” afirmó Dujovne. Es raro que Alemania, por ejemplo, que históricamente ha tenido cargas patronales altas tenga hoy una de las tasas de desempleo y empleo en negro más bajas del mundo, mientras que la Argentina de los ´90 terminó con 18% de desempleo y casi 50% de empleo en negro, siguiendo el mismo diagnóstico y las mismas políticas que propone nuestro nuevo ministro televisivo. Tal vez en Alemania no tengan economistas serios como los nuestros.

Siguiendo el vergonzoso ejemplo de los manifestantes en Neuquén, los diputados en Jujuy y los vecinos en Flores y Pergamino, varios delegados gremiales dieron golpes de cabeza y estómago sobre los indefensos palos de la infantería de la Policía Federal, esta vez en los pasillos del ministerio de Educación.

Frente a los terribles incendios en la Pampa, Río Negro y el sur bonaerense, y las inundaciones en Santa Fe, se lanzó una campaña espontánea para descubrir el paradero del hasta no hace mucho locuaz Sergio Bergman, ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Por suerte, el conocido ministro rabino que había recomendado rezar para frenar los incendios decidió acortar sus vacaciones y fotografiarse entre algunos brigadistas del Servicio Nacional de Manejo del Fuego. El país respira, aliviado.

La semana pasada, los jóvenes idealistas de Franja Morada celebraron con ahínco el fallo de la justicia jujeña condenando a Milagro Sala, ya que en esa provincia ahora está vigente el estado de derecho” . Por su lado, Macri afirmó que "hay muchísimos testigos del abuso de poder que le dio el kirchnerismo (a Milagro Sala) durante mucho tiempo” y Gerardo I, emperador del Sol Poniente, mariscal del Altiplano, protector de la Justicia, orgullo radical y azote de Dios, concluyó con un inapelable: “debe seguir presa porque es una gran corrupta y se la robó toda”El presidente dice que hay gente que dice que Milagro Sala abusaba de su poder, el gobernador exige que siga presa por un delito por el que no fue juzgada y un juez la condena porque alguien dijo que ella le dijo que haga algo que finalmente no hizo. Así, luego de encarcelarla preventivamente por incitación al acampe, se la condenó por un escrache telepático: nadie puede negar que en Jujuy rija el estado de derecho. Sólo resta definir qué derecho.

Según Roberto Gargarella, el caso de Milagro Sala es una oportunidad de ponernos a prueba”. Al parecer, los radicales, hasta no hace mucho severos defensores de las instituciones, han decidido dejar pasar esa oportunidad.

En todo caso, imaginemos qué hubiera pasado si un juez hubiera condenado a Buryaile o De Angeli a 3 años de prisión por incitación al escrache durante el lock-out patronal del 2008.

Pero no todas fueron malas noticias: la ineludible Paula Bertol, diputada del PRO, explicó que en el 2016 “no tuvimos ni una cadena nacional”. Tiene razón, hubo más pobreza, más desempleo y más deuda, pero terminamos con ese terrible flagelo, ¿cómo no entusiasmarnos?

Todo lo que quieran, pero ya no le tenemos miedo al censista.

Foto: Su alteza Gerardo I, Emperador del Sol Poniente, Mariscal del Altiplano, Protector de la Justicia, Orgullo Radical y Azote de Dios, da la señal de ataque contra las piletas vacías del cantri de la Tupac (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
 

Entrega de los Premios Luis a los Mejores Arrumacos Macristas 2016


Hoy entregamos los muy esperados Premios Luis a los Mejores Arrumacos Macristas, que, como todo lector de la MAK sabe, reemplazaron a los queridos Premios Ernesto a las Mejores Indignaciones de Peluquería. En efecto, como nos explicó el Jefe de Gabinete, se terminó la siniestra época del pensamiento crítico y las indignaciones y empezó una nueva, generosa en alegría y entusiasmo. Este certamen es nuestro modesto aporte a esa noble causa.

Debemos aclarar ante todo que la tarea no ha sido fácil, el jurado debió deliberar durante largos días para poder elegir entre una enorme cantidad de candidatos que superaban el limitado número de premios. Esperamos poder integrarlos en la próxima entrega del 2017.

Además de los Premios Luis propiamente dichos y sus correspondientes menciones, decidimos instaurar dos premios paralelos: el Premio Hiro Onoda a la tenacidad de nuestro periodismo serio que, perdido en una isla del Pacífico, sigue combatiendo a CFK y el Premio Fabio Zerpa a la creatividad periodística.

El Luis de Oro fue otorgado con justicia al inspirador del certamen, Luis Majul, quien ha demostrado ser un maratonista que apostó al largo plazo y no a la estridencia puntual de algunos de sus rivales. Desde que comparó a Macri con Nelson Mandela ha sabido mantenerse delante del pelotón, como cuando explicó que el mayor error del gobierno fue "no comunicar con claridad la magnitud del desastre que dejó la década saKeada (SIC)" o cuando citó a Miguel Espeche, "mucha gente se preocupa por no tener dinero para comprar regalos y no se da cuenta que el afecto es el mejor regalo". Un verdadero atleta keniata.

El Luis de Plata fue a Alfredo Leuco, un periodista serio cuya independencia desborda en cada uno de sus editoriales. El gobierno ya quisiera tener funcionarios así de apasionadamente independientes.

El Luis de Bronce fue entregado al sociólogo independiente Marcos Novaro, un analista ecuánime que defiende a Macri pero también denuncia a CFK. Su último destello fue cuando explicó que "el problema del Conicet este año fue la irresponsabilidad de gastar mucho en los últimos años". La Argentina era ese extraño país devastado, según Novaro, que, además, gastaba demasiado en investigación, según el mismo Novaro. Aplaudimos de pie.

La Mención Buena Fe fue otorgada a Mariel Fitz Patrick, quién explicó que le advirtieron al presidente una semana antes de la publicación sobre los Panamá Papers en La Nación, "para que él pudiera elaborar una respuesta adecuada”. Una deferencia que el periodismo siempre tuvo con CFK. 

La Mención Hércules Poirot fue entregada con bombos y platillos a Mercedes Ninci, por descubrir la marca de agua mineral que CFK llevó a Comodoro Py y saber, entre otras maravillas, que la ex presidenta se puso crema en las manos.

La Mención Joseph McCarthy, promocionada por el Comité de Actividades Antiargentinas, fue otorgada al ineludible Willy Kohan, quién explicó que "con precisión y acorde a sus planes políticos, Macri eligió keynesianos expertos en finanzas para el equipo económico, no comunistas". Cabe destacar que el conocido periodista independiente no exigió ni el fusilamiento sumario ni el exilio para esos comunistas. 

La Mención Bichito de Luz fue al conjunto del periodismo serio que se fascinó con las morisquetas de Antonia o la huerta de Juliana y en especial para Román Lejtman, otrora periodista de investigación devenido en entusiasta de cada simpático gesto presidencial, como cuando Macri fue fotografiado andando en bici por el Vaticano junto a un cardenal: "Cero marketing, cero cálculo político. Cambio de clima, cambio de paradigma. Un cardenal y un presidente, en la tarde romana, hablando de la vida y subiendo la cuesta del Tiber"Se nos llenaron los ojos de lágrimas de Mandela. 

La Mención Bochini Pase Gol fue, como era de esperar, a la periodista Julieta Elgul, quién le preguntó al Jefe de Gabinete, con respecto al proyecto de Ganancias de la oposición, con una independencia infrecuente fuera de Intratables: "¿Por qué ahora y no antes? ¿Esto tiene que ver con poner palos en la rueda con la gobernabilidad o tiene que ver con ilusionar a los trabajadores?". 

El Premio Hiro Onoda fue otorgado ex aequo a los programas Intratables y Animales Sueltos y al amigo Nico Wiñazki por su denuncia incansable relacionada con la noche kirchnerista y, en particular en el caso de Nico, por la notable investigación sobre el cartero de Vidal: un pobre hombre obligado por funcionarios kirchneristas a abrir las cartas de la gobernadora con una pava para poder leerlas y luego cerrarlas con un tacho de engrudo. 

El Premio Fabio Zerpa fue entregado a Silvia Mercado, vieja amiga de la casa, por el conjunto de su obra de ficción. Obra conformada por noticias como la que dio cuando Hebe Bonafini no se presentó a declarar ante el juez Martínez de Giorgi: "Con todo cariño les cuento que Hebe no piensa declarar en ningún lado y lugar. Ayer estuvo rodeada de agentes cubanos y venezolanos." Sólo faltaron los espías iraníes y la aviación norcoreana. 

Foto: en el Círculo Salvavidas, una emocionada Mercedes Ninci recibe la Mención Hércules Poirot y promete hacer lo posible para llegar al Luis de Oro. "Siento que yo también me lo merezco", explicó frente a los periodistas (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).


 

El Plan Burundi


Columna publicada en Nueva Ciudad.

Uno de los pilares de la campaña electoral de Mauricio Macri fue el Plan Belgrano, un ambicioso proyecto de obra pública cuyo objetivo era equiparar la infraestructura del norte argentino con la de las zonas más desarrolladas del país. La lista de obras era casi infinita: aeropuertos, ferrocarriles, rutas, centrales eléctricas y líneas de alta tensión. Todo estuvo planificado, salvo la financiación.

Del Plan Belgrano hoy no queda más que una página web y la rendición mensual de gastos de café, toner y papel para impresora de José Cano, ministro nominalmente a cargo del proyecto fantasma.

Sobre las cenizas del Belgrano, llegó el Plan Australia, un proyecto mucho más ambicioso ya que no se limitaba a una zona en particular sino que buscaba el desarrollo de todo el país. La idea responde a una vieja letanía de nuestra derecha: soñar con ser el país virtuoso “de moda” en el momento, pero sin querer implementar las iniciativas que podrían hacer posible ese noble objetivo. Nuestra derecha siente una gran admiración hacia Francia, sueña con sus trenes, sus museos, sus rutas, pero se opone con pasión a cualquier intento de equiparar nuestra presión fiscal o nuestras regulaciones estatales con las que existen en aquel país y hacen posible esos resultados tan aplaudidos. Admira el cine francés -inviable sin las regulaciones y subsidios que lo protegen- con la misma pasión que aborrece los créditos del INCAA.

Como señala el sociólogo Daniel Schteingart, “hoy tenemos el mismo PBI per cápita que Australia hace 50 años, pero la mitad de los investigadores”. Schteingart explica que “en los países desarrollados, se supera en promedio los 4 mil investigadores por millón de habitantes. Argentina se ubica bien posicionada en América Latina, con 1202 investigadores por millón de habitantes, muy por encima de Brasil (en torno a los 700), Uruguay (504), Chile (428) y México (322). Sin embargo, todavía está muy lejos del grueso de los países desarrollados (…) El Conicet redujo casi 60 por ciento el ingreso a la carrera de investigador. El dato es sumamente preocupante, habida cuenta del rol crucial de la ciencia y tecnología en los procesos de desarrollo.”

Sin embargo, el nuevo presidente del Conicet, Alejandro Ceccatto, afrimó que “en un país que reconoce tener un 30% de pobres, debemos entender que estamos hablando no de un recorte sino de crecer a tasas menores de las que veníamos creciendo, que eran anormales para cualquier sistema científico del mundo”. Puede resultar asombroso que el titular de un organismo de investigación considere que tiene demasiados investigadores a su cargo en lugar de reclamar más presupuesto, pero lo más asombroso es pensar que de la pobreza se saldría invirtiendo menos en investigación. Así, cuando no tengamos un solo investigador tal vez logremos alcanzar el actual PBI per cápita de Australia. Claro que no lo sabremos ya que no tendremos investigadores para medirlo.

Al parecer, así como el extinto Belgrano, el Plan Australia ha mutado en un nuevo proyecto, aún más ambicioso que el anterior: el Plan Burundi. El objetivo es llegar a ser Australia con los sueldos, las leyes laborales, la presión fiscal, el consumo, las regulaciones estatales y la inversión en investigación del país africano.

Los primeros esbozos del futuro plan fueron lanzados con honestidad por el economista González Fraga y luego retomados por la vicepresidente Michetti: “se le (hizo) creer a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión. Eso no era normal”. Otros ecos del plan nos llegaron a través de periodistas serios como Lanata y Montenegro para quienes la Argentina sería un país demasiado pobre como para aceptar en sus universidades públicas a estudiantes extranjeros, como hacen los países desarrollados.

Tal vez, ahora discutamos sobre la imposibilidad de mantener, con 30% de pobres, la educación gratuita o incluso la salud, así como en los ´90 éramos demasiado carenciados como para mantener un sistema de transporte popular como el ferrocarril.

Demasiados jubilados, demasiados empleados, demasiadas universidades, demasiados investigadores, demasiados feriados, demasiados aires acondicionados. La pesada herencia kirchnerista nos hizo creer que hacia los países desarrollados se iba con las herramientas aplicadas por esos mismos países.

¿Algo te suena incongruente? Olvídate, como afirma el filósofo presidencial Alejandro Rozitchner "hay que terminar con el pensamiento crítico y reemplazarlo por entusiasmo". El Plan Burundi llega para aclarar estos terribles malentendidos.

Foto: un entusiasta del Plan Burundi le explica a dos autóctonos las ventajas del trabajo en equipo (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).